La fascinante belleza de Aranjuez comenzó a gestarse bajo el reinado de Felipe II, y muy especialmente bajo la Monarquía de los Borbones, quienes eligieron esta Villa como residencia primaveral de la Corte hasta finales del siglo XIX. Esto motivó la modificación del paisaje de Aranjuez con el trazado de sus avenidas, jardines, plazas y las canalizaciones para el regadío que convirtieron este lugar en el rico vergel que hoy podemos disfrutar. La belleza arquitectónica de Aranjuez hace de esta Villa un destino turístico de gran relevancia en el que destaca el Palacio Real, La Casa del Labrador, el Museo de Falúas y sus inmensos y cuidados espacios abiertos: El Jardín del Parterre, El Jardín de la Isla, Jardín del Príncipe y Jardín de Isabel II, con sus árboles centenarios, fuentes, chinescos y la rica flora y fauna que despiertan la fascinación de sus visitantes.